16 de septiembre de 2025
¡Hola! Soy el CEO de una empresa de viajes en Colombia y he pasado años recorriendo cada rincón de este país tan especial. Una de las preguntas que más me hacen (sobre todo amigos en Estados Unidos) es: “¿Es seguro viajar a Colombia?”. En este artículo voy a responder desde la primera persona, con sinceridad y matices.
La reputación de Colombia ha estado marcada por su pasado, pero la realidad hoy es muy distinta. Quiero compartir mis experiencias viajando por todo el país (incluyendo lugares menos turísticos) y darte una guía honesta y experta para viajar con seguridad.
Al final, verás por qué creo que, en los principales destinos turísticos —donde va el 99 % de los visitantes— la seguridad no debería ser una gran preocupación, siempre y cuando viajes con criterio. Vamos al punto.
La reputación de seguridad de Colombia vs. la realidad
La imagen de Colombia en la cultura popular sigue marcada por noticias viejas sobre carteles y conflicto. Sí, hace décadas ciudades como Medellín fueron tristemente célebres por la violencia. Pero eso fue hace más de 25 años: Pablo Escobar murió hace mucho. En los últimos años, Colombia ha tenido una transformación impresionante. Las tasas de homicidio han caído drásticamente desde los años 90 y ciudades que antes se veían como zonas de guerra ahora son destinos turísticos en auge.
Por ejemplo, la tasa de homicidios de Medellín bajó de unos astronómicos 375 por cada 100.000 habitantes en 1991 a una fracción de eso hoy. Y la tasa nacional llegó a alrededor de 24 por cada 100.000 habitantes en 2016, la más baja desde 1974.
Para ponerlo en contexto, algunas grandes ciudades de Estados Unidos tienen estadísticas de criminalidad similares o peores que las grandes ciudades colombianas. En 2024, la tasa de homicidios de Bogotá fue de aproximadamente 15 por cada 100.000 habitantes, mientras que la de Washington D. C. fue de unos 27 por cada 100.000, casi el doble que la de Bogotá. Incluso mi ciudad natal, Dallas, tuvo casi 19 homicidios por cada 100.000 habitantes en 2023, más que Bogotá ese año. ¿Sorprendido? Yo también lo estuve cuando lo descubrí. La conclusión: Colombia no es ese “lejano oeste” que algunos imaginan. En muchos sentidos, caminar por las zonas turísticas de Cartagena o Medellín no se siente más peligroso que visitar ciertos barrios de Nueva York o Los Ángeles. Como en cualquier ciudad grande, hay zonas mejores y peores: Colombia no es la excepción. Dicho esto, la seguridad siempre depende del contexto. La mayoría de los delitos en Colombia ocurren lejos de las zonas turísticas o en situaciones que un visitante típico puede evitar fácilmente. Por ejemplo, muchos colombianos te dirán que si no te metes en el negocio de las drogas ni en actividades ilegales, las probabilidades de encontrarte con violencia bajan muchísimo. Como viajero, no vas a estar visitando barrios muy complicados a las 2 de la mañana, ¿cierto? Si te mantienes en las zonas habituales y haces planes normales, probablemente sentirás lo mismo que yo: que Colombia es un lugar cálido y acogedor. El turismo está en pleno auge; sólo en 2023 casi 6 millones de personas visitaron el país. La gran mayoría tuvo un viaje espectacular y sin incidentes graves. Sí, Colombia es un destino seguro, si usas el sentido común. Veamos qué significa eso en la práctica.
Delincuencia en Colombia: lo que de verdad deben saber los turistas
Cuando se trata de delitos que afectan a los viajeros, Colombia no es tan distinta de otros destinos de América Latina o de grandes ciudades del mundo. Los principales riesgos son los delitos menores como robos y estafas, más que la violencia grave. Esto es lo que siempre les explico a nuestros clientes de tours:
- Hurtos menores (carteristas y robos de celular): este es el problema número uno en zonas turísticas. Mantén la mano sobre tus pertenencias en mercados concurridos y nunca dejes el celular sobre la mesa en una cafetería. Ladrones oportunistas, a pie o incluso en moto, pueden arrebatar un teléfono o un bolso expuesto antes de que te des cuenta. De hecho, los celulares son el objeto más robado en Colombia.
Aprendí muy rápido el dicho local “No dar papaya”: significa no ponerte en bandeja para que te roben. En la práctica, no dar papaya es no exhibir tus cosas de valor.
Yo aplico esa regla siempre: dejo mi reloj caro y la joyería llamativa en casa y trato de ser discreto con los aparatos electrónicos en la calle. Recuerda que muchos colombianos no son ricos; ese iPhone nuevo puede equivaler a varios meses de salario. Andar mostrándolo no solo puede parecer arrogante: también es una invitación abierta a los ladrones.
Atracos y robos callejeros: Los atracos en la calle (a veces con arma blanca o de fuego a la vista) sí ocurren en las zonas urbanas, generalmente de noche o en lugares más solitarios. La gran mayoría de turistas nunca vivirá algo así, especialmente si se mantiene en zonas concurridas y bien vigiladas. En todos mis años en Colombia, nunca me han atracado con violencia; aun así, soy muy cuidadoso y no camino solo por calles oscuras a las 3 de la mañana. Si llegara a pasar y alguien te amenaza, el consejo a locales y extranjeros es siempre el mismo: no te resistas.
Entrega el celular o la billetera; tu vida vale más. Tristemente, muchos homicidios relacionados con robos ocurren cuando la víctima intenta pelear.
Así que sé inteligente: coopera, aléjate y pon tu seguridad primero. Afortunadamente, ese tipo de incidentes son poco frecuentes en zonas turísticas con presencia policial. Personalmente, me siento tan seguro caminando por la Zona T en Bogotá como en el centro de Miami; lo que no haría en ninguno de los dos es irme a caminar, solo, por barrios periféricos de madrugada.
- Estafas y “precio gringo”: las estafas para turistas existen, pero si las conoces, son fáciles de evitar. En especial en Cartagena hay vendedores expertos en sacarte dinero. Los trucos clásicos incluyen: precios ridículamente altos (pregunta siempre el precio antes para evitar el “precio gringo”), darte mal el cambio o billetes falsos (la famosa estafa de “cambiar el billete” en taxis) y vendedores callejeros excesivamente insistentes. En las playas de Cartagena, por ejemplo, alguien puede ofrecerte un masaje o una bebida “gratis” y luego exigir una suma exagerada cuando ya terminaste. Otra estafa común es el cambio: un taxista asegura que el billete de 50.000 que le diste era de 5.000, esperando que no te des cuenta.
Mi regla: llevo billetes pequeños y presto atención cuando hay dinero de por medio. También prefiero acordar el precio del taxi antes o, mejor aún, usar apps (hablo de esto más adelante). Si algo no se siente bien, no tengas miedo de decir que no y alejarte. Los colombianos en general son muy buena gente, pero como en cualquier parte, hay unas cuantas personas que intentarán aprovecharse de turistas despistados.
- “Honey traps” y peligros en la vida nocturna: no me gusta decirlo, pero hay que mantener la cabeza fría cuando se trata de fiesta y temas sexuales. Es ahí donde algunos viajeros bajan la guardia y se meten en problemas. Hay casos de turistas (sobre todo hombres) drogados y robados después de conocer a una mujer en un bar o por una app de citas.
Una modalidad frecuente implica la droga escopolamina (“burundanga” o “Devil’s Breath”), que en pequeñas dosis te puede dejar inconsciente o muy vulnerable. Pueden echarla en tu trago o incluso soplarla cerca de tu cara y, cuando reaccionas, estás en el hotel sin celular, sin plata y sin recuerdo de lo que pasó. Suena a leyenda urbana, pero es real. Nunca aceptes tragos, cigarrillos o comida de desconocidos, por amables que parezcan.
Conozco personalmente personas a las que les ha pasado y es aterrador. Si usas Tinder o sales con alguien que acabas de conocer, quédate en lugares públicos y dile a un amigo dónde estás. La embajada de EE. UU. ha advertido que varios estadounidenses han sido drogados, robados e incluso asesinados por delincuentes que se hacen pasar por citas.
La conclusión: un poco de malicia indígena ayuda mucho. Disfruta, baila, sal de fiesta, pero nunca pierdas de vista tu bebida y piensa dos veces antes de irte a un sitio privado con alguien que acabas de conocer.
- Evitar drogas y actividades ilegales: parece obvio, pero vale la pena decirlo sin rodeos: no intentes comprar cocaína u otras drogas, ni te metas en prostitución ni cosas ilegales. Esas actividades suelen conectarte con los sectores más peligrosos de la sociedad colombiana. Muchos extranjeros que sí han muerto en Colombia estaban metidos en drogas o turismo sexual.
Si tú te mantienes lejos del mundo criminal, ese mundo también se mantendrá lejos de ti. Simplemente di “no, gracias” y aléjate si alguien te ofrece drogas en una discoteca (algo que puede pasar, sobre todo en zonas de rumba en Medellín o Cartagena). No vale la pena correr el riesgo de ser robado, extorsionado… o terminar en una cárcel colombiana.
- Seguridad en el transporte: hay que tener cuidado con el transporte, especialmente de noche. Parar taxis al azar en la calle no es lo más recomendado en las grandes ciudades. Aunque muchos taxistas son honestos, han ocurrido casos de viajeros robados por conductores o por cómplices. De hecho, al personal del gobierno de EE. UU. en Colombia se le prohíbe tomar taxis de la calle por este riesgo.
La opción más segura es usar apps como Uber, Cabify o Beat (todas funcionan en Colombia) o pedir que tu hotel te pida un taxi registrado. Estas opciones dejan registro del conductor y de tu ruta, lo que desincentiva el crimen. Yo prácticamente solo uso apps: son baratas y cómodas. Si tomas un taxi de la calle, evita compartirlo con desconocidos y desconfía del viejo truco del “paseo largo” para inflar la carrera. En el transporte público de ciudades grandes —como TransMilenio en Bogotá o el metro de Medellín— también pueden ocurrir robos, así que mantente atento en buses o vagones llenos y carga el bolso hacia adelante. Yo uso transporte público de día sin problema, pero cuido mis bolsillos como lo haría en el metro de Nueva York en hora pico.
Puede que parezca una lista larga de advertencias, pero en realidad son molestias menores o estafas típicas, similares a las que podrías encontrar en muchos lugares. En resumen: Colombia es, en general, segura para quienes viajan usando el sentido común. No exhibas riqueza, mantente atento a lo que pasa a tu alrededor y aprende las estafas básicas para evitarlas. Si haces eso, las probabilidades de sufrir algo peor que el robo de un celular son bajísimas.
También animo a los viajeros a mirar los datos en contexto. Sí, Bogotá tiene un número alto de hurtos: más de 58.000 robos personales reportados en la primera mitad de 2019. Pero en una ciudad de 8 millones de habitantes, y concentrados en ciertas zonas. De hecho, curiosamente, algunos de los barrios más ricos son los que más hurtos reportan, precisamente porque ahí es donde están los celulares y el dinero. Chapinero, un sector acomodado de Bogotá, registró más de 8.300 robos por cada 100.000 habitantes en 2018, ocho veces más que la tasa de Medellín. ¿Significa eso que Chapinero es una zona prohibida? Para nada: es uno de mis lugares favoritos, lleno de restaurantes y vida nocturna. Solo significa que tampoco hay que confiarse demasiado allí; los ladrones también son oportunistas en los sectores de alto ingreso. Lo mismo pasa en zonas como El Poblado en Medellín o los barrios turísticos de Cartagena.
Así que yo les digo a los visitantes: disfruten esos barrios espectaculares, pero estén atentos y mantengan el celular guardado, incluso en el centro comercial elegante o la plaza más bonita. El delito puede ocurrir en cualquier parte; si reduces las oportunidades, reduces enormemente el riesgo.
Seguridad en los principales destinos turísticos: guía ciudad por ciudad
Colombia es un país grande y muy diverso. La seguridad puede variar entre ciudades, así que revisemos las cinco más visitadas y qué puedes esperar en cada una. La buena noticia: en todas hay “corredores seguros” para turistas, con amplia presencia de policía. Te señalo esas zonas y doy recomendaciones específicas, basadas en mis viajes y en el conocimiento local.
Bogotá (la capital)
Bogotá es una metrópoli de unos 8 millones de habitantes y, como cualquier capital grande, tiene zonas seguras y zonas más complejas. La mayoría de turistas se mueve entre el norte y el centro, que en general son relativamente seguros. Barrios como Chapinero, la Zona Rosa (Zona T), el Parque 93 y Usaquén son sectores de alto nivel, con hoteles, restaurantes y vida nocturna, y cuentan con presencia policial visible.
He caminado por estas áreas de día y de noche y me he sentido tan seguro como en el centro de Chicago. Verás locales y extranjeros en restaurantes de moda y centros comerciales: vida de ciudad normal. El centro histórico, La Candelaria, es visita obligada por su arquitectura colonial, museos y grafitis. De día está bien (solo cuida tus cosas en plazas muy concurridas). De noche, en cambio, se vacía y se puede poner algo tenso. Incluso siendo un viajero seguro de sí mismo, yo no deambulo por Candelaria tarde en la noche: pido un carro de vuelta al hotel en el norte. Por la noche, es mejor moverse entre barrios en taxi o app en vez de caminar largas distancias. La ciudad es enorme y algunos tramos pueden quedar muy solos. El principal problema de seguridad en Bogotá es el hurto. Hay que estar alerta a raponazos de celular y robos de bolso, especialmente en lugares llenos o en el TransMilenio. Te recomiendo llevar solo lo esencial cuando salgas a explorar. Deja tu pasaporte y tarjetas extra en la caja fuerte del hotel; lleva mejor una fotocopia de tu documento. Si sales de rumba a la Zona T, cuida tu bebida (el “envenenamiento” de tragos no es común, pero aplica la misma prudencia que tendrías en cualquier club del mundo).
También evita manifestaciones si ves alguna: Bogotá tiene protestas frecuentes que pueden ponerse tensas. Como turista, no tiene sentido meterte ahí. Si ves una marcha o concentración grande, mejor rodear y seguir por otro lado.
Por último, ten presente que la mayoría de la violencia ocurre en el extremo sur y algunas zonas del occidente: lugares donde un turista nunca tendría razón para ir. Barrios muy pobres en las periferias, como Ciudad Bolívar en el sur, tienen más problemas, pero están a años luz de distancia de los distritos empresariales y turísticos del norte. Si te quedas en los circuitos habituales, estás evitando el 90 % de los riesgos de la ciudad. Para que tengas más confianza: recibo amigos en Bogotá con frecuencia y disfrutamos la vida nocturna, subimos a Monserrate y paseamos por la Zona G gastronómica. Usamos precauciones normales y nadie ha tenido problemas más allá de un taxi cobrando de más. Bogotá es segura para visitar, siempre y cuando la trates con el mismo respeto y cuidado que le tendrías a cualquier gran ciudad que no conoces. (Tip local: usa apps como Tappsi o Uber para taxis. Y recuerda que la ciudad está a 2.600 metros de altura; tómalo con calma el primer día).
Medellín (la ciudad de la eterna primavera)
Medellín quizá sea la historia de transformación más grande de Colombia. De ser sinónimo de violencia en los 80 y 90, hoy es una ciudad moderna e innovadora que sorprende a los visitantes. He vivido temporadas en Medellín y puedo decir que se siente muy segura en las zonas principales. Turistas y extranjeros suelen quedarse en barrios como El Poblado y Laureles, limpios, modernos y con buena presencia de policía y seguridad privada.
En estas zonas verás nómadas digitales trabajando en cafés, mochileros en hostales y lugareños paseando perros: es un ambiente cómodo. El Poblado en particular es una burbuja de lujo (boutiques, centros comerciales, bares) y generalmente una de las partes más seguras de la ciudad. Suelo pasear por el Poblado de noche (entre restaurantes y mi hotel, por ejemplo) y me siento a gusto, aunque, por supuesto, soy consciente de quién me rodea. El centro de Medellín (El Centro) es una mezcla de bullicio e interés durante el día, pero los turistas lo evitan por la noche. Recomiendo visitar los lugares de interés del centro (como la Plaza Botero o el Museo de Antioquia) durante el día, pero para cenar y por la noche hay que ir al Poblado o a Laureles. En Metro en Medellín es excelente y segura; sólo hay que vigilar los bolsillos en hora punta. En cuanto a la delincuencia, el mayor riesgo de Medellín son los pequeños hurtos. Se sabe que los “motoladrones” (ladrones de teléfonos) operan en ciertas zonas, incluido el Poblado. Así que, incluso en una zona agradable, no te quedes demasiado cerca de la acera mirando el móvil sin prestar atención. Yo suelo meterme en una tienda o en un portal si necesito mirar el móvil en la calle. Además, al igual que en Bogotá, en algunas comunas de las colinas hay bandas y los forasteros deben evitarlas. Pero lo más probable es que no vayas allí a menos que hagas intencionadamente algún tipo de visita social, en cuyo caso ve con un guía de confianza. La popular ruta de los grafitis de la Comuna 13 es segura hoy en día porque se ha convertido en una atracción turística controlada; yo la he hecho dos veces y me he sentido totalmente cómodo entre la multitud de visitantes y los amables lugareños. Es increíble ver cómo se ha transformado ese barrio. Una nota importante para Medellín: el ambiente de fiesta en zonas como Parque Lleras (Zona Rosa) puede atraer a carteristas y “prepagos” (prostitutas o mujeres que buscan extranjeros). Si sales tarde a las discotecas, mantente alerta. Se han dado casos de extranjeros que han sido objeto de ataques tras salir de discotecas en estado de embriaguez. Además, hay que ser muy escéptico con los desconocidos demasiado amables en las zonas de ocio nocturno: de vez en cuando se cuenta la historia de alguien que fue drogado con escopolamina por una persona a la que llevó a su apartamento. Disfruta de la vida nocturna (los clubes de salsa y los bares de las azoteas de Medellín son muy divertidos), pero quizá no invites a ese “amigo” cualquiera del bar a volver a casa 😉.
En general, Medellín es una ciudad muy amigable para el turismo. No es casualidad que miles de extranjeros vivan allí hoy. El clima es perfecto, la gente es amable y la ciudad ha invertido en seguridad e infraestructura. Mientras te mantengas en las zonas conocidas y no busques “aventuras ilícitas”, es poco probable que encuentres más problemas que un carterista insistente. Honestamente, me siento más seguro caminando por los barrios agradables de Medellín que en algunas zonas de ciertas ciudades de EE. UU. La clave, otra vez, es el sentido común: guarda tus cosas de valor, usa transporte confiable y no te metas a barrios que no conoces sin saber dónde te estás metiendo. (Tip local: las líneas de Metrocable que suben a las montañas son seguras de día y ofrecen vistas increíbles. Es una experiencia muy distinta y vale la pena. Solo evita los horarios de la noche, cuando las estaciones están más solas.)
Cartagena (joya costera y epicentro turístico)
Cartagena suele ser la primera parada de muchos viajeros: una ciudad colonial preciosa frente al Caribe, con arquitectura colorida y una vida nocturna vibrante. También es, probablemente, la ciudad más turística de Colombia, con lo bueno y lo malo que eso trae. La Ciudad Amurallada (Centro y San Diego) y la península de Bocagrande son donde se hospeda el 99 % de los visitantes. Estas zonas están muy vigiladas y son seguras para caminar.
He recorrido las calles empedradas del Centro Histórico a distintas horas (incluso hasta las 2 de la mañana después de escuchar música en vivo) y nunca me he sentido amenazado. Verás policías en casi cada esquina del centro, sobre todo de noche; saben que es clave proteger la zona turística. El mayor “riesgo” en Cartagena es tener que decir “No, gracias” unas 200 veces al día a vendedores y promotores que intentan venderte sombreros, gafas, cuadros, tours, masajes, lo que sea. Puede ser agotador, pero en general son inofensivos. Un “No, gracias” firme (o “más tarde”, si quieres sonar amable) basta. Las estafas y cobros excesivos sí son más frecuentes aquí:
- Estafas en la playa: si vas a Bocagrande o haces un paseo a las islas del Rosario, prepárate para algo de “hustle”. Vendedores pueden ofrecerte cerveza, ostras o masajes insinuando que es cortesía… y no lo es. Esperarán pago y, a veces, a precios desproporcionados. Yo siempre pregunto “¿Cuánto cuesta?” antes de aceptar cualquier cosa, incluso si dicen “prueba gratis”. En lugares como Playa Blanca o algunos tours a islas, hay operadores que dan un precio y luego inventan cargos adicionales (“ese era solo el bote, el almuerzo son otros 20 dólares”). Reserva con agencias serias y evitas ese problema.
- Cuentas infladas en restaurantes: de vez en cuando la cuenta llega con cobros “misteriosos”. Revisa siempre el detalle. En Colombia es normal que sugieran una propina del 10 % en la cuenta, pero es voluntaria. En Cartagena he visto ejemplos donde la ponen como si fuera obligatoria. Si algo no cuadra, pregunta sin pena.
- Policía falsa o corrupta: es menos común, pero existe. Ha habido casos (no solo en Cartagena) de gente que se hace pasar por policía para extorsionar a turistas, por ejemplo diciendo “Tengo que revisar su dinero por ser falso” y se lo quedan. Si alguien en ropa de civil se presenta como policía y te pide la billetera, desconfía. Es extremadamente raro que revisen a turistas así. En todo caso, tienes derecho a pedir ir a una estación si quieren registrarte. Yo nunca he vivido esto personalmente, pero, sabiendo que a otros les ha pasado, lo tengo presente.
A pesar de estas advertencias, Cartagena es en general una ciudad segura para viajeros. La violencia en las zonas turísticas es baja. Los barrios con más problemas (como sectores periféricos pobres o la zona industrial) no son sitios por donde un turista iría a caminar. Si te mueves en Bocagrande, la Ciudad Amurallada, Getsemaní (hoy una zona bohemia muy de moda) o la franja hotelera hacia el aeropuerto, estarás bien. Getsemaní, de hecho, pasó de ser un barrio muy rudo a ser muy popular entre mochileros; es animado y razonablemente seguro, aunque conviene cuidar aún más la cartera y el celular en la noche, especialmente en plazas llenas de gente. Un tema aparte: si en Cartagena vas en plan “aventuras nocturnas”, ten cuidado con la oferta más sórdida. La ciudad tiene fama, sobre todo entre algunos hombres extranjeros, por la prostitución y la rumba extrema. Hay clubes de striptease y “prepagos”, pero ese mundo puede convertirse en un campo minado: desde estafas hasta drogas en tu bebida. Mi consejo: quédate con los bares y clubes convencionales, disfruta la música en vivo y el baile, pero no te metas en el lado más turbio. (Tip local: el calor de Cartagena es fuerte. Hidrátate, ponte bloqueador y, cuando uses taxis, negocia el precio antes de subirte; muchas veces no usan taxímetro. Un trayecto dentro de Bocagrande/Centro debería estar alrededor de 10.000–15.000 pesos, como referencia.)
Santa Marta (puerta de entrada a la naturaleza en el Caribe)
Santa Marta es más pequeña y relajada que Cartagena, conocida como punto de partida hacia el Parque Tayrona, la Ciudad Perdida y otras playas hermosas. La ciudad en sí es más rústica, pero las zonas turísticas principales están bien en términos de seguridad. El Rodadero (zona de playa urbana) y el Centro histórico (alrededor de la catedral y el Parque de los Novios) son los sectores donde se hospedan la mayoría de turistas, y allí se puede caminar con precauciones normales.
Santa Marta tiene un ambiente muy amable. He ido caminando entre mi hotel y restaurantes en el Centro de noche y me he sentido cómodo, porque suele haber bastante gente en las calles. La policía suele patrullar el malecón y las plazas. Eso sí, la pobreza es más visible que en Cartagena; verás más habitantes de calle o vendedores muy insistentes. Aplica el mismo sentido común de cualquier ciudad: no exhibas objetos de valor y, si tienes que cruzar por zonas muy solas de noche, mejor toma un taxi. En la playa pueden ocurrir robos si dejas tus cosas sin vigilancia; no lo hagas. Si vas a Tayrona o a playas como Taganga, lleva solo lo necesario. Yo dejo pasaporte y tarjetas en la caja fuerte del hotel y me llevo algo de efectivo y una copia del documento.
Un punto de atención: Taganga, un pueblo pequeño a 15 minutos de Santa Marta, es popular por el buceo y la rumba, pero tiene fama de ponerse complicado de noche. Ha habido atracos en la vía o en la playa muy tarde. Si vas de fiesta allá, vuelve con un conductor de confianza y no te quedes caminando solo. La caminata a la Ciudad Perdida (Ciudad Perdida trek) se hace en zona remota de selva: solo se puede hacer con operadores autorizados, lo cual, justamente, la mantiene bastante segura. Vas con guías indígenas o locales y, en general, no hay problema, más allá de las incomodidades normales de estar en la naturaleza. En general, Santa Marta y sus alrededores ofrecen una experiencia tranquila y segura para los turistas en los circuitos principales. La gente es muy acogedora. Muchos viajeros dicen sentirse más seguros en estos pueblos y ciudades costeras que en las grandes urbes, y yo coincido, siempre y cuando cuides tus cosas. En Tayrona, por ejemplo, el mayor peligro es quemarte al sol o que un mono te robe la comida, más que el delito. (Tip local: el centro de Santa Marta no es una ciudad de rumba hasta tarde. Muchos bares y restaurantes cierran cerca de medianoche. Planifica con eso en mente y aprovecha la brisa de la mañana en la playa.)
Cali (capital de la salsa… con algo más de precaución)
Cali es famosa por la salsa y una cultura afrocolombiana vibrante. No está en todas las rutas turísticas, pero recibe visitantes interesados en el baile y la música. La situación de seguridad de Cali es particular: históricamente ha tenido de las tasas de homicidio más altas del país.
Eso no significa que debas descartarla, pero sí implica que hay que ser más cuidadoso en Cali que, por ejemplo, en Medellín o Cartagena. Mucha de la violencia está relacionada con pandillas y ocurre en barrios específicos, lejos de las zonas turísticas. Como visitante, puedes tener un viaje seguro y muy divertido si te quedas en los sectores adecuados y sigues las recomendaciones locales. La buena noticia es que los barrios más agradables y turísticos están bastante definidos. En el oeste y norte de la ciudad están varias de las zonas más seguras. Barrios como El Peñón, Granada, San Antonio y El Centenario son populares por sus restaurantes, hoteles y vida nocturna, y son de los sectores mejor considerados en términos de seguridad. Yo me he quedado en Granada y San Antonio, caminando entre bares de salsa con amigos, y me he sentido bien; eso sí, siempre regresando en taxi al hotel cuando ya está muy tarde, en vez de caminar por calles solas. En el sur, Ciudad Jardín y Pance son barrios residenciales de estrato alto, con centros comerciales y parques, también percibidos como tranquilos.
Muchos caleños me han dicho que, si te mantienes lejos de los “barrios malos”, estás evitando la mayoría de los problemas. Y lo he comprobado. ¿Cuáles son esos barrios? No es tan simple como “no pases de tal calle”, pero, en general, la zona oriental (al oriente, por ejemplo, de la Carrera 40) es más pobre y con más delincuencia; el turista no tiene motivos para ir allí. La comuna de Siloé, en la ladera, también es muy conocida por sus problemas y hay que evitarla totalmente.
Cuando estoy en Cali, tomo más precauciones con el transporte: uso Uber o taxis formales incluso para trayectos cortos de noche. Evito caminar solo después de cierta hora más allá de la cuadra que conozco. Y cuido mi celular aún más: el robo de celulares es un problema serio (aunque no muy diferente a otras ciudades, aquí se siente más evidente). De día, me encanta perderme por las calles coloniales de San Antonio o ir a una clase de salsa. La energía de Cali es contagiosa y la gente es muy orgullosa de su ciudad, a menudo se desvive recomendándote lugares seguros y avisando qué zonas evitar. Es cierto que la reputación de Cali va un poco por detrás de los avances que se han visto en Bogotá o Medellín. Pero las cosas están mejorando: el gobierno ha desplegado más policía y las cifras han bajado algo. Para un turista, Cali es suficientemente segura si sigues el libreto básico: quédate en los barrios conocidos, usa transporte confiable y no vayas a explorar asentamientos informales por tu cuenta. Si haces eso, lo peor que te puede pasar probablemente será un taxi caro o alguien intentando sacar tu billetera en una discoteca llena… mientras disfrutas de algunos de los mejores shows de salsa del mundo. (Tip local: ve a Tin Tin Deo o La Topa Tolondra. Son clubes de salsa emblemáticos, muy amigables con el turista. Solo mantén el trago contigo y los pies en la pista.)
Regiones y situaciones que sí debes evitar por completo
Ya vimos las ciudades más turísticas, pero ¿qué pasa con las zonas realmente peligrosas de Colombia? Es verdad: hay regiones que sí son de alto riesgo por presencia de grupos armados, narcotráfico o poca presencia estatal. Son lugares con conflictos activos o fuerte criminalidad, a los que muchos colombianos tampoco van. La idea clave: tú, como turista, no tienes ninguna razón para acercarte a esos sitios. Están completamente fuera de la ruta turística. Por ejemplo, las advertencias de viaje del Departamento de Estado de EE. UU. sitúan a Colombia en Nivel 3 (“Reconsiderar el viaje”) principalmente por unos pocos puntos críticos. Mencionan zonas “No viajar” en la frontera con Venezuela y partes rurales de departamentos como Arauca, Cauca y Norte de Santander. Son áreas remotas con presencia guerrillera o criminal, donde el secuestro y la violencia son riesgos reales. A menos que seas periodista de guerra o trabajes con una ONG en terreno, simplemente no vas a ir allá. La frontera con Venezuela, sobre todo en el extremo nororiente y suroriente, es considerada muy peligrosa; yo jamás intentaría cruzarla por tierra. Lo mismo con la selva del Darién, en la frontera con Panamá: es una de las selvas más peligrosas del mundo, no es un “destino turístico” de ninguna manera.
También se mencionan algunos sectores del Chocó (selva del Pacífico) y ciertas zonas rurales de Nariño, Putumayo y Meta, en el sur. Muchos de estos lugares tienen paisajes espectaculares, sí, pero también presencia de grupos armados o narcotráfico. Si hay un destino turístico real allí —por ejemplo, Nuquí o Bahía Solano en la costa del Chocó— la forma segura de visitarlo suele ser en avión y con operadores formales, que es como viajan los mismos colombianos. No se llega por carreteras con mala reputación. Todo esto refuerza la idea de que sí, hay partes de Colombia peligrosas, pero como viajero tú no vas a terminar ahí por accidente. Están lejos de las ciudades y atractivos que vas a visitar. El gobierno y las fuerzas armadas hacen un trabajo razonable para mantener seguros los corredores turísticos. Parques nacionales y rutas muy visitadas suelen estar bien vigilados. Como mencioné, millones de turistas vienen cada año sin problemas. Los pocos casos de extranjeros en situaciones realmente graves suelen involucrar decisiones de riesgo extremo: ir a zonas muy remotas contra todas las recomendaciones, o meterse con drogas y grupos criminales.
En mis viajes, he ido a lugares bastante fuera del circuito, como pueblos remotos en el Eje Cafetero, pueblos pequeños en Boyacá y caminatas en la Amazonía. Siempre lo he hecho con amigos locales o con operadores confiables. Si un lugar tenía fama de estar “caliente”, simplemente no iba. Por ejemplo, quise ir al desierto de la Tatacoa y a los sitios arqueológicos de Tierradentro. Cuando yo fui, eran muy seguros, pero antes de viajar verifiqué el estado de las vías, porque años atrás se habían reportado robos en ciertas rutas nocturnas. La solución fue sencilla: viajé de día y por carreteras principales. No tuve ningún problema.
La gran enseñanza: cuando planees tu viaje a Colombia, quédate en los destinos conocidos (hay muchos) y usa guías serios para salidas de naturaleza o lugares apartados. Haciendo eso, automáticamente evitas las zonas de mayor riesgo, que, siendo honestos, la mayoría de colombianos tampoco conoce de primera mano. No vas a “terminar de casualidad” en un campamento guerrillero camino al Museo del Oro o a la playa en Santa Marta. La geografía y un mínimo de planeación lo hacen muy improbable. No dejes que titulares sensacionalistas sobre “el peligro en Colombia” nublen tu percepción. Sí, hay regiones peligrosas, pero no hacen parte de un itinerario turístico normal.
Consejos clave de seguridad para viajar por Colombia
Aquí resumo algunos consejos prácticos que yo mismo sigo y que les doy a todos nuestros clientes. Te ayudarán a viajar con más tranquilidad:
- Pásate por local y sé discreto: deja joyas llamativas, relojes caros y bolsos de diseñador en casa. Vístete normal y evita ostentar gadgets en la calle. El espíritu de “no dar papaya” es justamente no convertirte en objetivo. Puedes usar tu celular o cámara, pero sácala cuando la necesites, no como si estuvieras en una vitrina paseando por la avenida más concurrida.
- Asegura bien tus objetos de valor: usa la caja fuerte del hotel o lockers. Cuando salgo, llevo solo una copia del pasaporte y el efectivo que necesito. Una billetera barata con unos billetes puede servir como señuelo en un eventual atraco (nunca la he tenido que usar, pero es útil). Mantén los bolsos cerrados y adelante en buses o mercados. Muchos robos son por distracción: alguien te choca o te hace una pregunta mientras otro te saca el teléfono. Estar atento es tu mejor defensa.
- Usa apps de transporte o taxis de confianza: como dije arriba, Uber, Cabify o servicios de taxi solicitados por el hotel son más seguros que parar uno al azar. Evitas estafas y, además, queda todo registrado. Si sí tomas taxi de calle, hazlo frente a un hotel o restaurante y, si quieres, toma foto de la placa para que el conductor note que estás pendiente. En aeropuertos, usa las filas oficiales.
- Cuidado extra de noche: limita las caminatas largas de noche, sobre todo si estás solo o en un barrio que no conoces bien. Es barato tomar un carro; no vale la pena arriesgarse por ahorrarte unos pocos dólares. En zonas de rumba como la Zona T en Bogotá o Provenza en Medellín, caminar unos metros entre sitios con mucha gente no es problema; pero cuando la calle se vuelve muy sola, para mí es momento de pedir un carro.
- Cuida tu celular de verdad: como el robo de celular es tan común, lo repito: sujétalo bien si lo usas en la calle o métete a una tienda para contestar mensajes. En terrazas o mesas al aire libre, no lo dejes justo al borde. Dentro de vehículos, evita usarlo pegado a la ventana abierta en un trancón; hay casos de gente a la que le han arrancado el teléfono desde una moto. Son pequeños hábitos que te pueden ahorrar muchos dolores de cabeza.
- Confía en los locales… y en tu intuición: los colombianos suelen ser muy protectores con los visitantes. Si un amigo, guía o anfitrión te dice que no vayas a cierto sitio o que tengas cuidado en cierta zona, hazle caso. Y escucha tu instinto: si un lugar o una persona te generan mala espina, sal de ahí. He tenido momentos donde una cuadra se sentía demasiado sola o alguien demasiado “amable”; me retiré con educación y ya.
- No te resistas ni persigas a nadie: si, a pesar de todo, te roban, déjalo ir. No persigas al ladrón. Tus cosas se reemplazan; tu integridad no. Además, muchos trabajan en grupo: corres tras uno y te puede salir otro. Es duro de aceptar (a todos nos indigna un robo), pero es la opción más segura. Denuncia si puedes, sobre todo si necesitas el reporte para el seguro.
- Lleva copia de tu documento: en Colombia la policía puede pedir identificación (aunque rara vez molestan a turistas). Es más seguro llevar una copia del pasaporte y la página del sello de entrada que el documento original. También guardo una foto digital en mi celular.
- Aprende unas frases en español: no es específicamente seguridad, pero ayuda. Saber decir “Ayúdeme, por favor”, “Llame a la policía” o simplemente poder preguntar cómo llegar a algún sitio puede marcar la diferencia. En mi experiencia, los colombianos se desviven por ayudar si ven a un extranjero respetuoso intentando hablar español.
- Mantente informado: antes de moverte entre regiones, revisa noticias o avisos recientes. A veces puede haber bloqueos, paros o alguna situación puntual en una carretera. En el pasado, por ejemplo, ha habido protestas campesinas que cerraron vías. Es información que tu hotel o tus contactos locales te pueden dar fácilmente.
Sé que la lista es larga, pero, en resumen: muévete en Colombia como lo harías en cualquier ciudad grande que no conoces: con sentido común y atención. Si lo haces, lo más probable es que todo salga bien.
Reflexiones finales: disfruta Colombia con confianza
Entonces, ¿es seguro viajar a Colombia? Sí, con la condición de que tomes las mismas precauciones que tendrías en cualquier país en vía de desarrollo o gran ciudad. Después de recorrer el país extensamente, mi sensación es que Colombia se siente más segura de lo que su vieja fama sugiere. He tenido experiencias increíbles gracias a la gente y a los esfuerzos del país por recibir visitantes. La clave es entender el contexto del delito (la mayoría no toca a los turistas), evitar las zonas realmente riesgosas y usar medidas básicas de seguridad. Colombia ofrece muchísimo: desde el Eje Cafetero entre neblina hasta las discotecas de salsa de Cali; desde playas caribeñas hasta selvas amazónicas. Sería una lástima perder todo eso por miedos basados en el pasado. Estadísticamente, no eres más probable víctima de un delito violento en las zonas turísticas de Colombia que en muchas ciudades de Estados Unidos; en algunos casos, incluso menos.
La diferencia es que aquí sí tienes que ser más cuidadoso con los robos menores y las estafas. Pero eso se maneja. Como suelo decir a quienes dudan: “Si puedes moverte por Nueva York o Los Ángeles, puedes moverte por Bogotá o Medellín”. No caminarías por un callejón oscuro en Nueva York a las 3 de la mañana lleno de joyas, ¿cierto? La lógica es igual acá. Y, a diferencia de EE. UU., es muy poco probable que te encuentres con violencia aleatoria con armas de fuego: Colombia tiene un control de armas mucho más estricto y la mayoría de criminales quiere tu teléfono o tu dinero, no hacerte daño si cooperas. En algunos sentidos, eso me hace sentir más tranquilo aquí.
Viajar por Colombia me ha dado algunas de las experiencias más ricas de mi vida. He bailado con desconocidos en el Carnaval de Barranquilla, he caminado a ruinas más antiguas que Machu Picchu y he sido recibido por familias en pueblos diminutos donde me han dado más arepas de las que puedo contar. Los colombianos están orgullosos de cuánto ha avanzado su país y, en general, quieren que tú también lo veas. Saben que cargan con un estigma, y muchas veces hacen un esfuerzo extra para que los visitantes se sientan seguros y felices. No estoy endulzando la realidad: debes mantenerte alerta e informado, como lo harías en cualquier lugar con desigualdades. Pero el miedo no debería ser razón para no vivir la magia de Colombia. La situación de seguridad hoy es “en general segura, con zonas de precaución”, no “peligro en todas partes”. Millones de personas visitan y se van solo con buenas historias (o, en el peor de los casos, sin celular por descuidarse en un bus lleno).
Mi opinión honesta y profesional: Colombia es lo suficientemente segura para el viajero atento. Si sigues los consejos que te he dado —no ostentar, cuidar tus cosas, evitar situaciones de alto riesgo— es muy probable que tengas un viaje increíble y sin incidentes. El tema de la seguridad pronto quedará en segundo plano cuando te sumerjas en la música, los sabores y los paisajes de este país. Viaja con cabeza, y Colombia te va a abrazar. Bienvenido, y que tengas un viaje maravilloso.
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Reflexiones finales: disfruta Colombia con confianza